viernes, octubre 20, 2006




LOS HIJOS

Desde siempre intenté imaginar cómo sería la experiencia de tener hijos y la verdad que no sentía ni me imaginaba nada, era como un vacío que no tenía respuesta, sólo escuchaba la vox populi, que decía que un hijo es lo más maravilloso que te puede pasar en la vida, que ser madre era una experiencia única y fascinante, y un sinfín de pensamientos idealistas.
Hasta que a los 29 años, nació mi primer hijo y allí comenzaron a revelarse un montón de incógnitas, y no sólo eso, empezó a enfrentarse la realidad con la idealización que yo tenía incorporada. Lo cual reconozco que en los primeros tiempos no fue fácil, llegaba al mundo un bebé que comenzaría a ocupar las 24 hs de mi día, hasta los segundos o minutos que necesitaba para darme un baño o apenas para poder ir al baño, hasta los minutos que necesitaba para poder alimentarme, porque no era más que sentarme a la mesa para que se haga su hora de comer o de despertarse, por lo que debía abandonar la mesa y salir corriendo a su encuentro, ni hablar de las horas de sueño, una tortura; entonces en esos momentos yo me preguntaba, y hasta me sentía culpable por preguntármelo...pero qué tenía de maravilloso todo eso?, qué tenía de fascinante esa experiencia?, claro estaba enfrentada entre la realidad y una fantasía. Por otro lado era una personita extraña que ocupaba no sólo todo mi tiempo sino que no nos conocíamos y que me veía obligada a tener que entenderla y aprender a convivir con ella de un modo o de otro, que dependía de mí para todo, sin contar todos los miedos que una madre primeriza tiene, realmente de relajante y para disfrutar no había mucho.
Hoy después de 10 años puedo decir que la maternidad sólo se va adquiriendo con el crecimiento de nuestros hijos, es un ida y vuelta, aprendemos con ellos, equivocándonos, acertando pero juntos, el amor se va fortaleciendo, con el conocimiento mutuo y con el respeto que como seres individuales se merecen, con sus tiempos, sus gustos, sus virtudes y sus defectos, que mucho podemos hacer por ellos pero lo principal es el acompañamiento que les podemos brindar, que más allá de todo, nuestro amor es incondicional, entender que ellos no son un depósito donde colocamos nuestras expectativas o nuestras frustraciones, que podemos enseñarles valores mediante el ejemplo, que las palabras de nada sirven sino están acompañadas de los actos, y como éstas un sinfín de enseñanzas, pero lo que como padres debemos entender es que la mayor parte de las enseñanzas las deben aprender por sí solos, que de sus experiencias deben sacar los positivo, que las experiencias buenas están para disfrutar y las malas para aprender, quizá como padres es lo que más nos cuesta, poder entender que ellos también tienen todo el derecho de equivocarse, y quizá sea una manera dura pero efectiva de aprender a hacerse cargo de sus decisiones y actos.
En 10 años de maternidad algo aprendí y mis hijos fueron en muchas oportunidades mis grandes maestros, lo único que hoy puedo decir es que el amor hacia ellos es el amor más lindo y más puro que un ser humano puede sentir por otro.